El periodismo del hipervínculo

Periodismo digital y más cosas

Negro

Publicado por correcaminosmigmig en 17 Noviembre 2009

La pared calla, no da la solución. Él sigue y sigue mirando, sumiéndose en el blanco horizonte que se desdibuja sobre el yeso. Desde el borde de la cama atisba el vacío, prefiere no asomarse más. Se siente un gato callejero en su cornisa; sabe que sus ojos son los únicos signos de vida a esas alturas, mira con desprecio e indiferencia a la creación. Ellos desconocen sus penas, nunca han soportado el terror sobre sus hombros, no saben qué es amor, dolor o angustia. Qué sabran ellos de la tristeza, no son dignos de él. Física y espiritualmente por encima, se deja llevar de noche en noche.

Ha perdido la noción del tiempo, casi ha olvidado qué hace ahí ni por cuánto tiempo su mundo ha sido eternamente blanco. De repente, algo altera su ensoñación. Frío. Un roce polar en el dorso de su mano, un roce polar de una piel inerte con su piel. Los pies de la muchacha le han rozado. Es normal que a estas alturas de la historia, él, hombre insensible pero no hombre calmado, se altere. No obstante, mantiene su rostro fijo en la misma postura, su mirada clavada en la pared; la diferencia la evidencia la rigidez de su gesto, la tensión en los brazos, el sudor frío que comienza a brotar, o, como también es normal, el que haya abierto sus ojos hasta el límite que le permiten sus párpados. No sabía qué aire respiraba, no era consciente de su propia respiración, y, de repente, sin previo aviso, aquel frío. Claro, aquel frío, por supuesto que lo recuerda. Es normal que se altere aquel hombre insensible pero no hombre calmado; nunca una muerta le había rozado.

Aquel frío penetró hasta sus pulmones. El hormigueo que recorrió su cuerpo a partir de entonces le recordó inevitablemente a la soledad, ese frío que provocan las palabras en la laringe. La angustia. La necesidad de compartir y no poder; el ardor del sentimiento que queda en el interior, que te quema por dentro y que, por la diferencia de temperatura con el exterior, hiela tus extremidades. Simplemente era una sensación incómoda, él no sentía. Pero esa chica estaba muerta, inexplicable y definitivamente muerta. Muerta gracias a él, pensaba. Sí, él la mató. Porque la peor de las miserias en compañía da más vida y más aliento que la mayor dicha en soledad. Y él la mató de soledad; y él  comenzó a morirse de angustia, porque el cadáver que yacía sobre su cama era su compañía y su miseria.

Volvió a sumirse en el fondo blanco de aquella película, inmóvil, y cada vez que recordaba dónde y por qué se encontraba, que aquello no era una cornisa sino una cama, le parecía que despertaba de un sueño. Quizás tenía razón.

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¿Existen las cuatro y media de la mañana?

Publicado por correcaminosmigmig en 23 Octubre 2009

Bostezo, mientras mis párpados se levantan pesados como si estuvieran oxidados. Solo les falta chirriar.

Mmm… madre, qué sueño. Menuda torrija llevo. En fin… ¿qué? ¿Dónde estoy?

Oscuridad. Horizontalidad bastante cómoda, silencio. Levito en apenas leve contacto con una superficie mullida. Vale,  mi cama. ¿Qué hora será? Me doy media vuelta para ver la hora en el despertador y son… espera, la mesilla queda al otro lado, esto es la pared. Vuelvo a girar sobre mí mismo y los palitos digitales marcan: cero, cuatro, dos puntos, tres, seis. Estiro mi cuerpo todo lo largo y ancho que me permite el colchón, abro los brazos tirando creo que un desodorante de la mesilla; le doy un puntapié a mi pobre perra  al intentar tocar el infinito con mis pies. Este gemido, mmmmm, ains, casi un quejido, o un lamento por tener que levantarme, es reacción lógica y tradicional al sagrado ritual que es desperezarse. Reposo unos segundos. ¿Dónde están mis gafas? Creo que ayer las dejé en… espera. ¿Pero qué coño? Rebobina. ¿Qué ponía en el reloj?

Ahora el enemigo mortal de los vagos como yo marca estoicamente y con su habitual fulgor rojizo-electrónico las putas cuatro y treinta y siete de la ¿madrugada?, ¿noche?, ¿mañana?; ¿qué mierda de parte del día es esta hora? Como única respuesta los dos puntos colorados del medio continúan su eterno parpadeo, “más con burla que con indiferencia” me hace pensar la sugestión del cabreo y la poca claridad de ideas de estas intempestivas horas, y el reloj cambia a y treinta y ocho. De repente, tengo unas irrefrenables ganas de asesinar a alguien.

Después de comprobar con un rápido e imperceptible movimiento al ojo inexperto que todo sigue en su sitio, y situarlo correcta y aerodinámicamente – un hombre tiene esta preocupación cada mañana, necesita saber que su virilidad no se ha ido volando durante la noche -, me pregunto quién me ha despertado hoy. Chasqueo, masco el aire, me rasco la cabeza. Pensativo. Ya van dos noches seguidas.

Mi almohada no sabe nada, quizás no hable por miedo. Ayer, de hecho, se había fugado cuando desperté también sobre la misma hora. Inexplicablemente la alcancé tras un rato bastante incómodo totalmente horizontal en la cama y el cuello rígido; salía a hurtadillas por la puerta, lo juro, y la agarré de la pechera en el umbral. Quizás huía escandalizada del lugar del crimen. O puede que viera algo terrorífico en mi habitación. Ambas cosas, seguramente. Hasta puede que se rebasara el aforo de mi cuarto y le tocara salir a ella. Entre viejos fantasmas, expectativas, cargos de conciencia, esperanzas, miedos, ilusiones, nervios y  promesas – por cumplir, desde luego – no cabemos en el cuarto. Será un poco de todo. El amor que recorre estos parajes es un monstruo descomunal que camina de puntillas esforzándose por no hacer ruido, por ser sigiloso; pero devasta con calamitosa torpeza todos mis esquemas, desordena la casa, arrasa los propósitos y mis rincones, tira los cuadros a su paso y avanza dándose golpes con los techos y las paredes, me sume en el caos. Y, claro, así no hay quien duerma. Ay, el amor, torpe y descomunal monstruo de pies de barro, estructur a endeble de textura viscosa y aspecto terrorífico que avanza a trompicones. Si te come no podrás escapar*, no podrás huir, porque el amor te engulle, te devora sin piedad; no posees amor, no eliges amor, el amor te rodea, todo lo llena, todo lo convierte hasta que tus alrededores no son otra cosa que amor. El amor te traga según sus antojos y pasas a vivir en el vientre del amor, dentro del amor; prisionero, alimento del amor. Sólo somos carnaza (¡joderhostiaputavida!).

Y así quién va a dormir. Me voy a sacar a la perra.

* Ampliada
Si te come no podrás escapar sino hecho mierda. Por el proceso natural digestivo, por el que también se rige el amor: te come, exprime y extrae lo mejor de ti sin que puedas hacer nada y te expulsa hecho un deshecho, valga la paradoja. Pues eso, hecho mierda.

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Esta noche, no

Publicado por correcaminosmigmig en 7 Octubre 2009

La noche cierne su manto sobre la ciudad mas la luz dorada de las farolas no me permite ver más allá de un profundo y cerrado azul oscuro como techo a nuestras almas. Quizás me marche definitivamente a las montañas a ver las almas naufragar entre miles de faros del mar nocturno, sentado en la mecedora del porche, franqueado por una cerveza bien fría y por la perra mientras las luces se apagan y se encienden los sueños. Debería escribir sobre ello, pero, esta noche, no.

Y es que la vida es tan puta: recojo los retales de lo que un día fui, los enmiendo con esmero y me miro en el espejo. Qué buena percha. Me decido a bailarle a la vida eso de disculpad mi osadía, soy joven y os voy a joder, no me voy a dar por vencido. Pero falla la iluminación, qué puta es la vida, la sala se queda a oscuras y no encuentro quién fui yo; y la que eras tú se desvance entre manos ajenas, la nada y la confusión. Debería escribir sobre ello, pero esta noche… esta noche creo que no.

¿Y qué me dices de esa gente, esos desgraciados que sacan mi yo de puño alzado al exterior para cantarle las cuarenta al mundo? Qué te voy a contar de esos pobres desgraciados que se mueren de hambre, los muy pobres; que los matamos de hambre, a los muy desgraciados. Debería incorporarme en la silla mordiéndome el labio de rabia y ponerme a escribir sobre ello. Debería, pero no será esta noche.

Tengo que escribir algo positivo, optimista, desenfadado, henchido de ganas de vivir, palpitante, frenético, eufórico; no puedo desatender mis pedidos, así que inventaré mil historias de mil amores de final feliz, odas a la amistad y aventuras vitales. Pero lo siento, he de posponerlo, no podrá ser esta noche.

La calle, solitaria, me abre con lujuria un camino y sugiere un destino como excusa; el viento dobla las ramas con delicadeza para que los árboles amenicen la velada de las penas solitarias que arderían al Sol. La Luna brilla con desidia. Es todo tan idílico. Debería escribir un poema. Desde luego, ya habrá tiempo; pero no esta noche.

Esta noche sólo puedo escribir tu nombre.

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Hasta aquí hemos llegado

Publicado por correcaminosmigmig en 30 Septiembre 2009

“Hay peores cárceles que las palabras” – La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.

Lo dudo, amigo. No, no acabo de leerme La sombra del viento, libro entretenido y, según mi opinión, sobrevalorado. Tampoco vengo a hacer una crítica literaria; no tengo el tiempo, ni la seriedad, ni mucho menos un mínimo de conocimientos para elaborar una opinión remotamente útil y consistente sobre una obra.

Lo que ocurre es que la frase me viene de perlas para introducir el tema que quiero tratar esta noche. La libertad, las palabras, las cárceles, el todo, la nada, la subjetividad y la realidad pura. La angustia. Ese nudo en la garganta, ese sentimiento de abatimiento, de congoja, de bloqueo, de rabia. La angustia: querer y no poder. Ni por mucho que quieras, ni por mucho que intentes; no puedes.

¿Angustia por qué? Por las palabras. Esas dichosas cárceles – las peores; sí, amigo Carlos Ruiz -, esos paquetes reducidos, conglomerados y condensados que pretenden, torpemente, representar la realidad. Símbolos, convencionalidades del lenguaje hablado y escrito, creados para comunicarnos: abarcan ampliamente el común parecer de los hombres sobre la realidad a la que representan; dejan al descubierto ingentes cantidades de matices en cada persona. Si cada palabra es una ingente cantidad, lo multiplicamos por el número de personas por el número de palabras por el número de días,… No sé, – con orgullo digo que – soy de Letras. Aun así, estoy seguro de que son miles y miles y miles de millones de cantidades ingentes sentimientos, emociones, ideas, opiniones, visiones, etc. que se pierden en el sumidero  profundo de la mente de las propias personas que los han sentido o pensado; que los han querido transmitir y no han podido. De hecho, seguramente habrán sugerido connotaciones distintas e incluso opuestas a las que quería inculcarles su emisor. Son billones de frustraciones, trillones de quiero y no puedo, porque las palabras son un nudo en la garganta: pasa una mínima parte de la realidad que queremos que llegue a nuestro interlocutor; el resto se queda en la tráquea, oprimiendo nuestro cuello, nuestro ser, provocándonos esa sensación a caballo entre el grito y el vómito.

Apasiona y angustia imaginar, intentar comprender y conceptuar la personalidad de las personas. Inimaginables e incontables factores, como los del efecto Mariposa, son los que modelan al hombre, al alma, el espíritu,… lo que quieras. Desde una sonrisa fugaz de un desconocido, que nos insufla un momentáneo optimismo que ese día concreto, un día cualquiera, se retroalimenta con una jornada feliz y te convierte en una persona alegre (hipotéticamente); hasta la dedicada y concienzuda educación de tus padres, que no sólo es la educación que te inculcan tus padres, sino que es también la que ellos recibieron cada uno por separado, la de sus padres, etc. Ramificaciones, variables que se extienden hasta el infinito y que nunca podremos alcanzar.

Ésta es la cárcel de las palabras, la cárcel más angosta que existe. No podemos meter todo un mundo en una caja de zapatos. Es frustrante. Es increíblemente frustrante. Pero así avanzamos, entendiéndonos a medias, conociéndonos poco, comprendiéndonos nada; relacionándonos gracias a el lenguaje, el mejor invento de la Humanidad. Hablamos y decimos un pequeñísimo porcentaje de lo que queremos decir, de lo sentimos al decir, de lo que sentimos al decírselo a una persona en concreto y no otra. Inciso: por eso es bueno recomendable y necesario hablar bien expresarse con propiedad.

Un invento frustrante, un invento angustioso, terrorífico, este de las palabras. Un atrevimiento, un desatino, el querer meter el mundo en una caja de zapatos. Existen “nada”, “todo”, “libertad”, “realidad”.  Conceptos inabarcables, inconceptuables, indefinibles, inimaginables por la pequeña mente del hombre. Pero las putas palabras no se cortan, no. Por Dios, ¡existe la palabra “amor”! Qué disparate, de verdad. Me cago en Dios (quizás no son las palabras más adecuadas, pero para que me entiendas: visualiza tu yo más iracundo, así me siento yo con el mecagondiós). Lo siento, por blasfemar, pero repito: me cago en Dios. En Dios y en la madre que parió a las palabras.

Mira, odio las palabras, ¿y sabes por qué? Porque nunca podrás saber todo lo que te quise; porque nunca sabrás cuantísimo lo siento.

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El origen de la Ofrenda de Flores

Publicado por correcaminosmigmig en 28 Septiembre 2009

Ensayo no científico e indocumentado sobre los Florivingios

Si no recuerdo mal, la Ofrenda de Flores a Nuestra Señora Virgen del Pilar se remonta al periodo de ocupación de los Florivingios, bajo el reinado del emperador Benito Floro, alias “El Jardinero”, alias “David Bowie”, alias “El de en medio de Los Chichos”, en el siglo II a. C. (antes de Cuack). En contra de la creencia popular, “Florivingio” no viene de flor, sino que procede del latín “flow”, capacidad de clavar la frase en el beat exacto de la base; y del persa “vingio”, vino; son, por tanto, raíz ancestral de Flowklórikos y precursores de la escena hip-hop zaragozana. Cabe destacar su enemistad con los Floranos de Flitalia, por contener la impúdica palabra “ano” en su nombre. De dicha controversia surgió la tradición de la Ofrenda de Flores. Casualidades de la vida, las flores estaban muy mal conceptuadas por los florivingios. Regalar una flor representaba una de las mayores ofensas realizables ya que se insinuaba que el receptor podría llegar a tener sensibilidad y sentimientos (los sentimientos también estaban muy mal vistos, pues los florivingios eran rudos y machos, sin sentimientos, cosa reservada a los homosexuales).

Tras la batalla del Carrefour, que tuvo lugar en el actual Carrefour de María Zambrano, entre Floranos y Florivingios, los Florivingios raptaron a un hombre de condición sexual no muy clara de entre las filas floranas y se lo llevaron como trofeo tras su victoria. Lo situaron maniatado a un poste en el centro de la plaza del Pilar, entonces conocida como plaza del Spaghetti Western por los múltiples duelos a navaja entre señores con barba y sombrero. A sus pies llevaron cientos y cientos de ramos de flores para ridiculizar al prisionero y menoscabar su dignidad como persona y como macho. Se echó a llorar, todos se rieron mucho, un perro que pasaba por ahí con una camiseta de LOST (sí, la típica de la estación 1 de la Iniciativa Dharma, era un modernillo) dijo “esta es la mejor ofrenda que ha creau Dios”, y, desde entonces, decidieron repetir la misma celebración todos los años. El prisionero murió el tercer año, lo que provocó aún más risas por la naturaleza berraca y socarrona de los Florivingios.

Muchos años después (ya después de Cuack), distintos intereses comerciales cruzados entre Hitler (Adolf, no la espada, pues la espada sería ridículo que tuviera cualidades de persona) que era gran devoto de la Virgen del Pilar y del Rocío; Cocacola (por aquel entonces conocida como Sucursal de Bebidas Pitusa, S. A.); y The Jealous Lovers, que buscaba local de ensayo, provocaron que la historia se edulcorara con buenos propósitos y valores ultracatólicos. Curiosamente, coincidió con la salida a la venta del último trabajo de La Cara B tras el cisma Talavera – Lechowski, quedando como vestigio del eterno cisma florivingio – florano.

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Tan duro como cierto

Publicado por correcaminosmigmig en 27 Agosto 2009

Como pétalos suplicando al tiempo
que les haga caer más despacio,
vagan los días que me quedan todavía
arrepentidos de los días que han pasado.

El dolor, el sufrimiento y el miedo;
lágrimas que dieron forma a un corazón,
a un alma, una mente y un cuerpo.
Si todo hubiera sido distinto…

Los golpes recibidos me hicieron daño:
en la cara, en el cuello, en la espalda;
meerecidos, gratuitos, entre gritos,
entre llantos, encogido, me enseñaron.

Los dados envenenaron mis entrañas,
mataron al niño, secaron mis párpados.
Merecidos, gratuitos, entre gritos,
entre llantos, erguido, me enseñaron.

Los golpes que vi me enseñaron
a dar lo que uno cree que no merece recibir.
Merecidos, gratuitos, entre gritos,
entre llantos, ignorante, me enseñaron.

Si todo hubiera sido distinto,
no sería yo;
si todo hubiera sido distinto,
no estaria aquí,
tecleando lágrimas al son de mis recuerdos.

Si nada de aquello hubiera pasado
mi vida no tendría sentido;
si todo hubiera sido distinto…
no estaría a tu lado.

Salvador Navarro Berrués – El mono poeta.

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Parálisis

Publicado por correcaminosmigmig en 28 Julio 2009

Miro, toco, canturreo. Dejo la mirada perdida. Bostezo, exhalo fuerte, inspiro hondo y suspiro. Busco con los ojos por toda la pared una llama que ilumine mi habitación y mi mente a oscuras. Me rasco el hombro, me acuno la barriga y creo que no queda ningúna articulación que no me haya crujido ya. Escucho, analizo, estudio las letras. Reviso canciones y poemas. Persigo entre las líneas dónde está el camino que ellos siguieron, cuál es ese sendero de miguitas de pan que se me han comido los pájaros de mi cabeza. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? No responde nadie, sólo el eco de mis palabras vacías, de mis sentimientos sin una forma definida. Uníos, unas y otros, uníos ya. Vamos, antes parecía más fácil… Nada. Me hundo. Me hundo y recuerdo que ayer ya me sumergí en la derrota. Como antes de ayer. Engullo, bebo, como otra vez, miro, toco y escucho. Me falta el aire para gritar, me sobra la angustia para tranquilizarme. Todos están durmiendo. No lo puedo creer, con el mundo que queda por descubrir, por la belleza que todavía guardamos en el interior. Aunque quizás, en realidad, yo también duerma, o esté perdido en el asfalto de la calle que he aprendido de memoria tras horas de inútil vigilancia nocturna. Negro, todo negro como la calle, como la noche y como el alma.

Supongo que uno sólo puede contar la verdad que lleva dentro. Que sí, que puede mentir, pero que sólo expulsar los males o predicar las alegrías hace que se tranquilice el lobo que aúlla en el interior. El sentimiento es la literatura y el arte. El sentimiento, al fin y al cabo, es realidad. Esa sutil realidad, esa verdad subjetiva que puede parecer una gran mentira.

Pero la única mentira es, en primer lugar, engañarse a uno mismo; y en segundo lugar, engañar a los demás. Que cada uno cante lo que sienta. Y yo no sé lo que siento, todo es tan díficil, oscuro, pegajoso. Mi alma es una masa sucia y amorfa donde verdad, mentira, anhelos y confusión son un uno, y no existen por separado. Así que miro, canturreo, escucho, toco y tiemblo, y sólo puedo contar que no sé qué contar ni cómo contarlo. No puedo escribir más que de que no puedo escribir.

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Despacio

Publicado por salvatoretoretore en 10 Julio 2009

Duro trabajo, este de poeta que elegido
esta salvacion que cada vez tiene mas pinta de castigo.
Despacio chico,
esta muerte es lenta y dolorosa
¿Fumas? ¿Amas? ¿Sufres? ¿Lloras?
entonces muérete conmigo.
Despacio chico, recuerda
que la muerte mas lenta y dolorosa
es estar vivo.

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Los poetas nunca tienen vacaciones

Publicado por salvatoretoretore en 10 Julio 2009

” Quédate a dormir en mis susurros,

Sin ropa, sin materia, sin dolor,

Dame un beso sucio y después

arráncame el cuello poco a poco,

Clávame las uñas en la espalda

Mátame cuando más feliz esté.

Si lloro es que quiero más vida

Agárrate a mis versos de esperanza.

Salta, jadea, despéiname,

Deshaz la cama, más abajo,

Un poquito más, sin prisa,

Esfúmate entre las sabanas.

Seamos uno.”

Le pidió mi corazón al cerebro.

Pero este nunca le entendió.

¿Te apetece un cigarro?

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Las palabras que no existen

Publicado por correcaminosmigmig en 18 Mayo 2009

Para terminar con buen pie, un nuevo capítulo del bitácora. Un balance sobre tú y yo. Que cada uno se lo tome como quiera.

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