Mamá Naturaleza dijo:
“coge lo que quieras,
pero nada es tuyo, hijo”.
Y tú dibujaste fronteras.
Kase.O
Comienzas a ver Internet de otro modo después de pasar un par de meses a cargo de un blog. Aprendes que no todo es messenger, tuenti y youtube. Descubres nuevas herramientas y visitas páginas que ni imaginabas que pudieran existir. Conoces blogs y lees opiniones de todos y para todos los gustos. Sobre todo, te das cuenta de que esa gigante masa, ese ente abstracto e intangible que es Internet se nutre de personas, de gente como tú y como yo.
Personas que no conoces, mentes nuevas, corazones que laten como el tuyo detrás de la pantalla. Gente igual que tú, con opiniones y anhelos. Gente igual que tú. Internet es el mundo mismo, ese globo que debería ser La Tierra, sólo gente, nada más que gente, sin raza ni país ni religión. Internet es de todos y para todos. Tú y yo sólo no somos más que otro más, pero lo somos.
Internet es el mismísimo Siglo XXI, la Tierra Prometida desde hace tanto tiempo. Los aviones, los iPods, tuenti y facebook, los móviles, los portátiles, los coches sin emisiones. Todo eso es ya Internet, esa maraña de artilugios sofisticados que ha acabado con las fronteras, los medios que permiten tener el mundo a un único clic de distancia. Una Tierra sin fronteras.
Lamentablemente, la “realidad” del día a día resulta menos maravillosa. El Siglo XXI sólo existe de momento en el cyberespacio, ese país limítrofe con nuestra vida cotidiana. El Siglo XXI está a una frontera de distancia, una frontera abierta pero que aún no hemos sido capaces de cruzar. ¿Dónde está esta frontera?
Italia ha reforzado la legislación en contra de la inmigración clandestina. Ha convertido en delito que la gente entre en Italia de forma clandestina. Esa gente - como tú y como yo, con un corazón latiendo en su pecho - sin recursos que vive en países “menos favorecidos” (por decir algo) y que huye a los países desarrollados a tratar de probar un trocito de su pastel. Berlusconi, sí, Il Cavaliere, teme que Italia se infecte de la peste extranjera, que sólo trae delincuencia e inestabilidad social. Resulta paradójico e incluso tristemente irónico que esto suceda en Italia, cuna de la mafia, país de corruptos controlado por capos. Pero la delincuencia viene de fuera, claro.
Roberto Saviano, autor de Gomorra, refleja muchísimo mejor este sentir en el artículo que escribió para La Repubblica y que recoge El País en su edición online de hoy. En resumen, que don Silvio criminaliza a los inmigrantes mientras los mafiosos actúan a sus anchas.

Cartel de Gomorra, película basada en el libro de R. Saviano
La Tierra no pertenece a nadie, y sin embargo es de todos. En principio. Debería serlo pues estamos en el Siglo XXI, en el siglo de Internet, de la globalización, en ese siglo donde todos, por fin, somos iguales. O quizás no.
Desgraciadamente, deberíamos estar en el Siglo XXI, pero nos hemos quedado bloqueados en la frontera. La frontera que se encuentra en nuestras mentes, construída a base de prejuicios, de ambición, de avaricia y de afán de superioridad. Las fronteras que hemos creado alrededor de nuestro pastel para no compartirlo con nadie, con ninguna de esas gentes que, con el mismo corazón latiendo en su pecho, piden sólo probar un poco de nata.
¿Cuándo decidiremos cruzar al otro lado?
Cuantísimo vales Miguel…