Conociéndote, sé que mientras escribo esto la relación entre el alcohol que recorre tus venas y el dinero que has pagado por él es desproporcionada, y sé que no eres de caldos selectos; y sé, y esto lo sabemos todos, que si en las dos o tres próximas horas descubres esta entrada tendrás que esperar hasta el día siguiente para leerla, porque verás las letras borrosas y bailando. Aunque, conociéndote, creo que esto no ocurrirá.
Y conociéndote, he visto en ti a una chica sencilla en en sus sentimientos, sincera y honesta, amiga de sus amigos. Aunque puedas llegar a ser una borde de mierda que me saca de mis casillas, sé que no hay maldad alguna en ti. Por esto deduzco que no crees que yo esté en deuda contigo por aquel regalo, que casi ni te acordarás, que fue un acto desinteresado y puro de aprecio, nada más, y que no esperas nada a cambio, por tanto. O que si lo esperas y la compensación no llega, no te importará, porque pensarás de mí lo mejor, que no sabía qué ofrecerte, que ya te he demostrado mi cariño. Pero qué bonique eres, madre mía. Así que, conociéndote, si el regalo no llega de forma evidente a tus manos, tampoco te esforzarás en buscarlo, y no llegarás a ver esta entrada en tiempo; a no ser que por curiosidad mires en el blog, a ver si te he hecho una entradilla, algo que entenderás como lógico y previsible en mí, lo que convertiría este detalle en una mierda. Espero que no sea el caso. Si es así, lo siento, la intención es lo que cuenta, recuerda.
Pero vamos, esperemos que no. Siguiendo con mi lógica aplastante, conociéndote, y aparte de ese supuesto de curiosidad ya mencionado, no te meterás en mucho tiempo a este blog que «compartimos» porque te la suda, porque no lo usas y porque no te interesa lo más mínimo las mierdas que escribo (no por mí, sino por que este rollo no te va). Definitivamente, lo más probable es que no veas esta entrada el mismo día, ni siquiera la misma semana en que fue escrita.
Por otro lado, conociéndote, sé que usar la lógica te podría llevar a que, si tú me hiciste un regalo, pensar en yo te lo devuelva de algún modo, más allá de sentimentalismos, de desearlo o no. Sólo porque las cosas funcionan así (aparte de porque te aprecio, obviamente). Entonces sí que habrás mirado el blog, y sí que habré sido previsible y soso. Qué le vamos a hacer, si es el caso. Sólo quiero matizar que esta entrada es simple agradecimiento, además de a tu DVD de películas de Kevin Smith, a ti, claro. Nada de cortesía, nada de nada; soy un puto maleducado pero en este texto sólo hay amor. A ti te dará igual, pensarás que es una nimiedad, porque lo ves como un simple DVD de pelis que te gustan, como un gesto más, natural, desinteresado. Pero en mí abriste una brecha, una brecha que va más allá de lo material de tu regalo –de hecho, aún no he visto ninguna de las pelis porque perdí el DVD, patético–; una brecha por su significado. En esa brecha que hiciste en mí te has colado tú. Ya existía, claro, desde que te conozco; pero ahora sangra más, es más grande. Me siento imbécil. Que por un puto regalo en mi cumpleaños, algo que veo estúpido e innecesario, me haya abierto mucho más a ti tiene delito. Pero me demostraste –y conociéndote, creo que es así– una amistad, me confirmaste esa dulzura que tratas de maquillar con borderías ocasionales, con esa actitud de modernilla, de pasota guay por la vida. Pero a mí ya no me engañas.
No sé, me pareció un gesto tan bonito y emotivo… –joder, qué cursi soy, que alguien me trasplante un par de huevos–. Igual es una simple paja mental mía, pero desde entonces siento que mi relación contigo tiene algo más, un nosequé de especial, de entendimiento, de complicidad. Y me alegro muchísimo. Así que eso, esto es sólo amor y agradecimiento, necesitaba demostrarte de alguna manera que sí, que es recíproco, que cuentes conmigo, hostias. Que no me has avisado para salir y aun encima estoy aquí escribiéndote esta mierda.
Bueno, en otras palabras, que me enrollo… Felicidades. Los cumpleaños a mí me importan una mierda, pero la verdad es que son una excusa perfecta para sincerarse, y mostrar el afecto que durante el resto del año nos guardamos. Yo lo necesitaba hacer de una manera significativa contigo, y creo que ya vas servida hasta el año que viene. Quizás no por el regalo pero sí por su significado, desde luego. Me arrepentiré de abrirme tanto y escribir esto cuando lo vuelva a leer, así que disfruta y tenlo en cuenta. Sé que podría haber escogido otro medio más discreto, o menos personal. Por el lado de lo personal, no sé, tú me entregaste simbólicamente una de las cosas que más aprecias: el cine, las películas de tu director favorito. Yo, pues sé de todo un poco y de nada mucho, pero escribir, escribo que da gusto. Bien o mal, eso ya es otro asunto. Por el lado de la discreción, que sea «público», que este texto se encuentre a la vista de quien lo quiera leer o de quien caiga por accidente en este blog forma parte de mi entrega, de mi regalo –aunque, conociéndote, sé que cuando hayas leído esto de «mi entrega, mi regalo» habrás pensado que todavía no me han trasplantado el par de huevos; ya llegará, tranquila.
Conociéndote, sé que llegados a este punto habrás sonreído alguna vez y que te sentirás agradecida, pero dudo que te hayas emocionado demasiado, o al menos no me lo demostrarás más allá de un abracico. También te preguntarás que qué tornillo me falta para escribir este tocho plagado de estupideces, sobre todo si lo lees pasados varios días o semanas. Y conociéndote me he dado cuenta de que eres una chica con una de las personalidades más elogiables y peculiares que conozco, diferente, y que no cambia sino a mejor. Sé que te ha gustado mi regalo, lo sé, lo puedo ver en tus ojicos de huevo.
Y conociéndote. Porque es lo mejor de todo, que aún estoy conociéndote, que la cosa acaba de empezar. Que siga así mucho tiempo: que te siga conociendo, que nunca me dejes de sorprender, que sigamos viviendo y compartiendo juntos. Que siempre conjuguemos ese verbo en gerundio, que el conocernos nunca acabe, no importa el tiempo que pase. Porque mira que sólo son veinte años, la de chorradas como esta que te quedan por aguantarme, Ana. Ya me conoces.
Felicidades de nuevo. Un enorme abrazo.
One Response »